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El efecto Gandalf, la razón por la que tu jefe ya no te inspira confianza y cómo la psicología puede llegar a cambiarlo


En ese volantazo forzado hacia la productividad en el mercado laboral hemos elevado a la categoría de héroes a lo que en realidad eran auténticos tiranos. La idea del jefe con mano dura, directo aunque duela, y obsesionado con el crecimiento, se ha convertido en un molde que ha terminado dando forma a la generación del burnout. Hemos aupado a CEOs que querían ver a Steve Jobs reflejado en sus espejos cuando, según el filósofo Jonny Thomson, lo ideal habría sido ver a Gandalf de El Señor de los Anillos. 

Pese a que en muchas empresas ese aura de tiburones insaciables con un látigo en la mano se ha convertido en el modelo a seguir, el tiempo ha terminado evidenciando un gran error. Convirtiéndolos en el motor del cambio, su estrategia ha sido un pan para hoy y hambre para mañana a la que, cuando la productividad no daba más de sí, le ha seguido una profunda crisis de salud mental entre los trabajadores. Una apatía y desesperanza constante que, tal y como mantiene el antiguo profesor de Oxford, sólo con el Efecto Gandalf podrá dar un giro de 180 grados. 

El Efecto Gandalf y la productividad

Lo que da forma a un buen jefe, según Thomson, es un trabajo de psicología mucho más duro que el simple hecho de saber mandar, imponerse y transmitir respeto. Los tres pilares de su tesis sobre el tema se centran un claro sentido de la justicia para tratar a todos sus empleados de la misma forma, la diligencia para que no se le caigan los anillos cuando toque arremangarse y ponerse a trabajar con ellos, y lo que ha dado a conocer como el Efecto Gandalf agarrándose al mago de J.R.R. Tolkien.

La clave está en que, de todos los anillos de poder de la mitología de El Señor de los Anillos, el más poderoso es el que posee Gandalf, el de la esperanza. Poco importa la fuerza que puedas tener o las riquezas que acumules. El mago no podía llevar el anillo hasta Mordor para lanzarlo al Monte del Destino, pero su papel resulta primordial porque es su esperanza la que permite que ese hito se complete. 

A pesar de cómo muchos jefes y líderes han abandonado ese papel, equipos y trabajadores pueden multiplicar su productividad si tienen detrás a alguien que les apoye, que les sepa motivar en momentos críticos, y consiga transmitir ese positivismo de forma eficiente. Los estudios de psicología sobre la práctica llevan años apuntando a las bondades que van en esa dirección. 

Frente a ese camino que nos lleva de la mano dura al burnout, liderar con esperanza y de forma optimista ha demostrado ser mucho más eficiente en entornos de trabajo. La práctica de ese Efecto Gandalf reduce los niveles de cortisol, la hormona a la que le debemos los picos de estrés, y fomenta la segregación de oxitocina, que mejora la colaboración y el pensamiento creativo para convertir a los equipos en un grupo más inteligente, unido y, sobre todo, resolutivo. 

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